México mantiene rezago en educación superior frente al promedio de la OCDE
Datos actuales sitúan a México con apenas 22% de adultos con estudios terciarios, una cifra significativamente menor al 43% de la OCDE.

México enfrenta un desafío estructural en su sistema educativo al reportar que solo el 22% de los adultos mexicanos, con edades entre 25 y 64 años, ha concluido estudios de nivel superior. Esta cifra coloca al país en una posición de desventaja competitiva al compararse con el promedio de 43% registrado entre las naciones que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), evidenciando una brecha histórica en la formación académica de la fuerza laboral nacional.
Aunque el acceso a la educación ha mostrado una tendencia de crecimiento gradual en los últimos años, la disparidad entre los jóvenes y la población adulta mayor sigue siendo marcada. Entre las generaciones más recientes, la proporción de personas con estudios terciarios presenta un incremento, sin embargo, el ritmo de titulación y acceso a posgrados continúa sin alcanzar los estándares internacionales necesarios para impulsar la productividad y la innovación tecnológica que el mercado global demanda actualmente.
Especialistas vinculados a la Secretaría de Educación Pública han señalado que los esfuerzos institucionales se han centrado en reducir la deserción escolar en los niveles básico y medio superior. No obstante, el reto de la educación superior requiere ahora de una mayor inversión en infraestructura universitaria y en esquemas de vinculación entre las instituciones académicas y el sector productivo privado, buscando que el egreso universitario se traduzca en empleos de alto valor agregado.
Dentro de las propuestas planteadas por el sector educativo se contempla la diversificación de la oferta académica y un fortalecimiento en las áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. El objetivo central de estas políticas públicas es elevar el perfil profesional de los egresados para que las empresas operando en territorio nacional encuentren capital humano calificado, reduciendo así la dependencia de importación de talento especializado para sectores industriales estratégicos.
El rezago educativo no solo impacta en la competitividad económica del país, sino que también limita la movilidad social de los jóvenes mexicanos. Ante este panorama, el Congreso de la Unión y las autoridades educativas enfrentan la presión de implementar reformas que aseguren una mayor cobertura, calidad y pertinencia en la oferta universitaria, garantizando que el sistema educativo sea un motor real de desarrollo para los estados de la República.


